Triodos Bank y Ecooo, afianzan su colaboración para promover el autoconsumo de energía solar fotovoltaica

Ponencia de Juan José Valle, Director Técnico Ecooo, y Miguel Ángel Amores, Gerente EERR Triodos Bank, titulada Triodos Bank y Ecooo, afianzan su colaboración para promover el autoconsumo de energía solar fotovoltaica, en el IV Congreso Ciudades Edificios Energía Casi Nula.

La Tercera Revolución Industrial empieza en los municipios

Publicado originalmente en el blog ALTERCONSUMISMO de ELPAIS.

Suena el despertador y Rafa B. se levanta como cada mañana para ir a su trabajo. Desde hace meses, una inquietud ronda su cabeza: las naves industriales del Polígono Industrial Los Olivos, en Getafe, han estado recibiendo energía gratis durante años. Con este runrún aún presente, se mete bajo el agua de la ducha mientras continúa preguntándose cómo es posible que nadie utilice la energía que día a día cae sobre los edificios. En el desayuno, calcula la distancia que han recorrido los fotones desde el Sol hasta los tejados de su ciudad, ¡más de 150 millones de kilómetros! Entre sorbo y sorbo de café, se da cuenta que no sólo nadie está aprovechando esta energía sino que los propietarios de estas naves la están regalando. Le cuesta entender los motivos que se encuentran tras esta realidad y, de pronto, recuerda toda la alarma generada en torno a las energías renovables, materializada en lo que llamaremos solarfobia y, en un importante desconocimiento tecnológico.

Las cubiertas del polígono ofrecen más de 28 hectáreas de superficie. La pregunta es inmediata, ¿por qué no le damos uso a ese inmenso espacio? Los números de Rafa demuestran que eliminando sombras y elementos de las naves, se podría aprovechar el 65% de esa extensión para generar electricidad con placas solares. Nada menos que 18 hectáreas produciendo energía en abundancia, o lo que es lo mismo, la superficie de 36 campos de fútbol. Se trata de una cantidad tan grande que puede costar visualizarla pero implicaría la instalación de cerca de 100.000 paneles solares.

Rafa plantea la construcción de 228 instalaciones fotovoltaicas sobre tejados industriales, 25MW de potencia, con una inversión de 36,8 millones de euros que se recupera íntegramente en 7 años. Se trata de una cantidad inferior a los 117 millones de euros de ayudas directas para eficiencia energética del Programa de Ayudas a las PYMES y gran empresa industrial del IDAE.

Las empresas del polígono lograrían un ahorro en su factura eléctrica de hasta un 25%, Energía más barata que la que consumen actualmente, procedente exclusivamente de la red eléctrica. Pero al margen de estos números, lo que resulta incuestionable es que sería el planeta el principal beneficiado de la democratización de la energía solar. Se trata de una fuente de energía inagotable, renovable y, lo más importante, poco dependiente de los combustibles fósiles. En un mundo globalizado, donde el cambio climático avanza inexorablemente, el cambio de modelo energético ha dejado de ser una opción. Apremia, y más aún en España, transitar hacia un nuevo arquetipo descentralizado, en el que la ciudadanía se active y empodere, impulsando el cambio desde abajo y de forma horizontal, participativa y participada. Un nuevo modelo energético descarbonizado que permita abordar los enormes retos ambientales y sociales a los que nos enfrentamos.

La realización de este proyecto, evitaría la emisión de 27.000 toneladas de CO2 cada año a la atmósfera. Pero además, actuaría de revulsivo para la mermada economía del municipio. La fotovoltaica es una tecnología fácil de desplegar y que genera empleo local y, por tanto, riqueza. Y Rafa lo sabe. Mientras recorre el polígono industrial, no puede evitar mirar a su alrededor y sentir esa punzada de tristeza por todas las pequeñas empresas y pymes que se han visto obligadas a echar el cierre durante estos años de crisis. Pero esa mañana es diferente. En tan sólo seis meses, se podría ejecutar su proyecto implicando a 25 empresas instaladoras y dando empleo directo a 250 personas entre electricistas, montadores de estructuras, transportistas, albañiles, ingenieros, administrativos, etc.

Ante unos datos tan incuestionables, ¿qué se necesita para poner en marcha el proyecto de Rafa? Posiblemente, voluntad para transitar hacia un nuevo modelo energético que apueste por el poder de la comunidad, resiliente, inclusivo, participativo, consciente y sensato. Por ello, sin duda, el papel de las administraciones locales resulta fundamental e imprescindible al erigirse como catalizadoras de este cambio de paradigma, situando a las personas en el epicentro de la acción y conectando todo el entramado de redes y tejido social presente en el municipio.

Las Ciudades en Transición, los Foros de Emprendedores Locales o EcoooLocalson ejemplos del potencial que presenta para los municipios la transición hacia una economía baja en carbono, respetuosa con su entorno, local y de escala humana.

Voluntad e ilusión para promover otras ciudades y pueblos donde primen las personas y el medioambiente con un modelo energético ciudadano, sostenible y sensato.

Soberanía Energética

Hablando de Soberanía Energética, se presenta en el barrio de Puente de Vallecas de Madrid una iniciativa cooperativista a tiempo real dentro del sector de la producción de energía y su comercialización, siendo ésta limpia y por fuera de las grandes empresas del sector. Esta cooperativa, Som Energía, y en su nombre como socio Juan José del Valle, nos contará su esfuerzo por democratizar el sector, es decir, por hacer de un derecho algo universal y protegido como tal.

 

Municipios y energía distribuidora

Publicado en la Revista de Obras Públicas. Febrero 2017

Un escenario esperanzador

Es un ejercicio ilusionante imaginar los municipios 100% sostenibles del mañana, repletos de generadores renovables aprovechando los flujos energéticos del sol, el agua y el viento para inyectar energía limpia directamente en los lugares de consumo de forma descentralizada. Es irreversible llegar ahí. El tiempo que nos lleve será una cuestión de acción más que de imaginación.

Quedará en el recuerdo los días absurdos en los que traíamos ingentes cantidades gas de lugares tan lejanos como Argelia o Nigeria. La nueva ola de energía renovable distribuida y local permitirá acometer la desconexión de grandes centrales eléctricas sucias de gas, fuel y carbón, sustituyéndolas progresiva y planificadamente por fuentes renovables a pequeña escala. A buen ritmo se podrán ir reduciendo los combustibles fósiles que importamos del exterior para mover nuestros vehículos y calentar nuestros hogares. Y con un consumo más inteligente, un mejor confort, con garantía de suministro y menores emisiones de carbono, se irá dando carpetazo a una etapa histórica protagonizada por sistemas centralizados, que transportaban y distribuían la energía desde grandes plantas de generación a los hogares, la industria y los servicios.

Con todas sus ventajas, en el diseño del nuevo modelo energético nos encontramos en un momento crucial. Los nuevos sistemas de energía distribuida renovable pueden acabar en su mayor porcentaje concentrados en pocas manos privadas, como en el modelo actual, o bien pueden acabar en manos de la ciudadanía. Por ello es importante reflexionar sobre cuáles son los objetivos de los proyectos de generación distribuida: ¿el acceso y control de la energía como un derecho para las personas o solamente como el negocio de unos pocos?

Energía distribuida, también entre las personas

El nuevo modelo de democracia energética va más allá del mercado y de la seguridad de suministro y consiste en que los recursos energéticos y las infraestructuras estén bajo control público-ciudadano. Si la mayor parte de la nueva generación renovable acaba en manos de las personas, se dirá adiós al actual modelo de propiedad centralizado y vertical que tanto ha perjudicado al despliegue de las renovables y al coste de la factura de la luz. Es una gran oportunidad para que los ciudadanos dejen de ser consumidores pasivos y se conviertan en productores y a la vez usuarios de la energía.

El estado de la tecnología ya lo permite. La espectacular caída de precios de los sistemas renovables facilita que, las personas puedan promover renovables en sus propios hogares, los ayuntamientos en los edificios públicos o las pequeñas empresas en sus naves y oficinas. La autogeneración de energía es la forma más descentralizada de implantar renovables y posibilita a la ciudadanía ser partícipe de la transición energética. Nos parece que el término «autogeneración» es más acertado que el habitual término «autoconsumo», pues engloba tanto el consumo individual de la energía generada, como la inyección de excedentes de energía a la red a fin de que éstos sean aprovechados por otros usuarios de la red.

En este momento histórico, es posible que las personas puedan reapropiarse de la energía y recuperar su valor de uso por encima de su valor de cambio. Si en la nueva democracia energética todas las personas se convierten en dueñas de los medios de generación, las grandes empresas que actualmente controlan el sector tendrán que adaptarse a una nueva realidad en la que podrán prestar valiosos servicios energéticos, pero donde el control y diseño de las políticas energéticas están al servicio del interés general. Para ello es imperativo que los protagonistas del cambio sean las personas que viven y usan la energía. Y en ese empoderamiento ciudadano, los municipios tienen un papel clave.

El ámbito municipal como catalizador de cambio de modelo energético

La gobernanza de los municipios es pragmática y está enfocada en resolver los problemas de las personas que habitan el territorio por lo que es un nivel de gobierno que conecta directamente con la ciudadanía.

A los municipios les corresponde promover espacios en los que la inteligencia colectiva de sus ciudadanos protagonice el diseño de las ciudades 100% renovables. Es el momento en el que formas más sensatas de producción y gestión tomen el relevo.

La ciudad inteligente debe proporcionar lugares y espacios donde las personas conecten y se relacionen, estimulando la vida social en todas sus formas. Así, la ciudad inteligente y las redes distribuidas deben ser mucho más que la aglomeración de personas individuales, generadores y redes eléctricas que discurren bajo las calzadas. La ciudad energéticamente sostenible va más allá de una mera construcción física y artificial, su verdadero valor radica en el conjunto de nuevos procesos y nuevas relaciones humanas.

Las ciudades, los pueblos son los laboratorios perfectos para la innovación social. Seguro que la innovación tecnológica facilitará el proceso, pero ya tenemos tecnología suficiente para realizar grandes cambios. De ahí que la urgencia, sea emplear nuestra inteligencia, reflexiones y prácticas en facilitar procesos de participación ciudadana. Porque no se trata de un cambio tecnológico, sino de un cambio de modelo, cuya clave radica en la participación de las personas. Y como es evidente, la administración local por su proximidad, tiene el potencial de ser el catalizador que promueva estos procesos.

Lo que los municipios pueden hacer hoy

Alemania es el mejor ejemplo de participación ciudadana en energía con un 12% de la generación energética total y un 46% de la generación renovable en manos de personas individuales y cooperativas. Alrededor de 900 cooperativas energéticas han tenido un papel relevante en este despliegue participativo. La principal lección que los municipios deben aprender de ello es que la mayor parte de estas cooperativas no nacieron por los incentivos económicos de la legislación central o por motivaciones ambientales. Surgieron principalmente por el empuje de los gobiernos locales de pueblos y pequeñas ciudades. Muchos municipios entendieron que era esencial promover la inversión, el empleo y el desarrollo a nivel local. Las cooperativas resultaron ser una herramienta muy útil en el despliegue, por su potencial de dotar a los ciudadanos y cooperativistas de una voz y de un espacio de participación directa. En los proyectos de energía comunitaria son los ciudadanos los que participan directamente en el diseño, promoción y beneficios de los proyectos, ya sea mediante organizaciones como cooperativas, empresas e instituciones públicas.

En los nuevos proyectos que se promuevan en el entorno local, sus habitantes deberían tener el derecho a decidir dónde van los beneficios y cómo deben ejecutarse esos proyectos para lograr el mayor bien posible a cada barrio y comunidad local. La mayor parte de los beneficios obtenidos por el uso de recursos locales deberían quedarse en el propio municipio. Es la administración local la que debería poner el filtro técnico y priorizar aquellos proyectos con mayor participación ciudadana y cuyos beneficios económicos aterricen directamente en los bolsillos locales. Es evidente que si la propiedad es de las personas que vive en el territorio, todos los proyectos maximizarán el bienestar local.

Sistemas integrales de energía comunitaria

Los denominados sistemas integrales de energía comunitaria son una alternativa interesante de integración de las fuentes de energía distribuida, pues permiten ir más allá de la implantación individual de generadores, favoreciendo la cooperación ciudadana y el intercambio local de energía, siempre con el control de los usuarios de la energía. Pueden favorecer el bien de las comunidades locales con precios bajos de la energía, bajas emisiones de CO2, independencia de las grandes compañías, creación de empleo, mejora de la calidad de vida y otras ventajas. En este tipo de sistemas, una agrupación de hogares puede unirse y cooperar, obteniendo los beneficios económicos de la compra conjunta, del uso compartido de infraestructuras, de la fuerza social de la suma y defensa de intereses conjuntos, del ahorro de costes de mantenimiento, etc. Los hogares pueden invertir de forma cooperativa en tecnologías energéticas diversas como fotovoltaica, solar térmica, pilas de combustible, almacenamiento, coches eléctricos o sistemas inteligentes de gestión de la energía.

Los barrios y urbanizaciones de viviendas unifamiliares existentes en los municipios, son un buen punto de partida para promover este tipo de cooperación energética. Comunidades ya existentes, con cierto grado de autoorganización para servicios comunes, con viviendas de características constructivas y de instalaciones similares, presentan ventajas suficientes como para priorizarlos en el desarrollo de las nuevas redes distribuidas. Los ayuntamientos tienen un papel estratégico fomentando activamente este tipo de sistemas: facilitando el desarrollo de organizaciones vecinales, brindando respaldo institucional y asesoría técnica y legal.

Este enfoque comunitario es compatible con que hogares, empresas y servicios puedan contribuir individualmente a la generación distribuida sin integrarse aún en sistemas cooperativos.

Existe una gran diversidad de opciones tecnológicas y conviene analizarlas por separado, valorando sus pros y contras y analizando estratégicamente qué tecnologías permitan lograr más rápida y democráticamente los objetivos del municipio. Es importante visualizar que los proyectos de energía distribuida pueden ir más allá de la generación eléctrica, como es el caso del district heating o del transporte. En el ámbito eléctrico, la fotovoltaica es la tecnología que actualmente permite un despliegue masivo, por su reducido coste, su sencillez de montaje e integración. Tiene sentido innovar y experimentar con otras tecnologías, pero midiendo adecuadamente los recursos municipales disponibles. No tendría sentido dedicar el escaso tiempo de los técnicos municipales en investigar y arriesgar con opciones demasiado novedosas, cuando ya existen tecnologías renovables viables hoy.

Los beneficios de la revolución renovable, deben repartirse entre todas las personas que habitan el municipio, independientemente de su poder adquisitivo, de su hábitat y medio de vida. Ofrecer energía más barata y de origen renovable debe convertirse en nuevo derecho para la ciudadanía. Así por ejemplo, los municipios deben atender tanto a las viviendas unifamiliares como a aquellas ubicadas en bloques de viviendas, diseñando políticas públicas que permitan la participación de unos y otros. Y por supuesto, llegar donde las personas o familias que se encuentren en situación de vulnerabilidad, no puedan llegar.

Generación de una cultura de bienvenida

A nivel municipal es imprescindible crear una cultura energética de bienvenida, que ilusione e incentive a los ciudadanos a subirse al tren de la transición energética. Un sector tan complejo y opaco combinado con una cultura energética inexistente, ha generado una desafección ciudadana en una cuestión estratégica. Por lo tanto, urge explorar la capacidad de transformar las malas noticias tales como, el aumento de precios en la factura de la luz, el cambio climático, la pobreza energética, las puertas giratorias y el malestar social existente en torno a ellas, en acciones positivas directas e inmediatas para remediarlas.

En general, en el ámbito energético las personas necesitan mejor información y un buen asesoramiento. Actualmente la principal fuente de información a los ciudadanos son las propias empresas instaladoras. Para que la generación renovable se extienda mucho más rápidamente esta información debe ser más objetiva e imparcial. En eso, los municipios tienen un rol capital, pues pueden recomendar aquellas tecnologías más adecuadas para el entorno, valorando los instaladores ya existentes, las experiencias que han demostrado su éxito a nivel local, e incluso las ayudas o incentivos públicos de los que se pueden beneficiar sus ciudadanos. Una ventanilla única informativa con un técnico municipal al servicio de las personas, que brinde atención energética especializada, que asesore de manera práctica sobre los procedimientos e informe de cualquier incentivo existente.

A fecha de hoy, en términos generales podemos decir que la experiencia que tienen los ciudadanos que van a instalar sistemas renovables en sus hogares y que acuden al ayuntamiento a informarse es muy mejorable. Se enfrentan a procedimientos administrativos complejos y caros. Actualmente las tasas de tramitación y de licencia de obra suponen un 10% del precio de una pequeña instalación fotovoltaica. Son tasas pensadas para grandes obras, no para las pequeñas mejoras en el hogar. Los requisitos documentales que solicitan los técnicos municipales de nuevo caen en los excesos. Es tan extensa la documentación técnica en forma de planos, memorias y formatos a cumplimentar, que lleva más horas superar la barrera burocrática de lo que cuesta montar la instalación en sí. Esta falta de visión se traduce en sobrecostes desproporcionados, dilatación en los plazos y desilusión por la complejidad administrativa. La normativa municipal no debe ser más compleja de lo que es la tecnología.

Comenzar hoy y avanzar año a año

La promoción y puesta en marcha de todas estas nuevas políticas municipales no requieren complejos y farragosos estudios y planes energéticos. La normativa estatal es muy mejorable, aún así son viables muchas propuestas. Lo que realmente se requiere es voluntad política. Una voluntad que se traduce en comunicar, ilusionar y promover entre los vecinos una cultura energética sostenible.

Existe una red enorme de técnicos municipales con ideas y capacidad de acción. Compartir esas ideas y trabajar en red, puede ahorrar mucho tiempo y dinero. Pliegos de condiciones, programas de incentivos, bases reguladoras. La cooperación entre municipios es la forma más económica y la más eficaz para lograr resultados inmediatos en este mismo año que comienza. Hagamos que el año 2017 sea el año en que los municipios españoles lideren la transición a un modelo energético distribuido, sostenible y ciudadano.

 

Fuentes:

La imagen de cabecera procede de: Flickr [http://www.flickr.com/photos/pictfactory/5299676534/]. Licensing: Cc-by-2.0. Author: Guzmán Lozano. Taken: 27–December–2010.

5 inventos solares que parecen útiles (pero no lo son)

Artículo publicado originalmente en la revista ETHIC

¿Carreteras, ventanas, cargadores y hasta camisetas solares? Lamentamos decirte que muchos de estos inventos tienen más de poético que de funcional. Además, no los necesitamos: la fotovoltaica ya es una de las tecnologías energéticas más baratas del mundo y no requiere de soluciones mágicas.

  1. La carretera solar

Recientemente nos despertamos con el titular de que Francia inauguraba la primera carretera solar del mundo. Se trata de una instalación piloto de 1 km que consiste en la integración de los paneles solares en el suelo de una carretera. Una de esas carreteras por las que circulan coches y camiones, de las que tienen baches, grietas y se suelen reasfaltar cada pocos años. Su precio es 17 veces superior a lo que cuesta una instalación fotovoltaica normal y corriente, pero sus promotores planean cubrir 1.000 km con este sistema. Eso sí, con financiación pública. Es un buen negocio para ellos, pero incluso el propio sector renovable de Francia considera que es un «chisme bonito de precio exorbitado». ¿Por qué instalarlo lejos de los lugares de consumo, sometiendo al suelo a ese desgaste y para beneficio de los propietarios de las autopistas?

  1. Las ventanas solares

Cada pocos meses corre como la pólvora la noticia de que científicos de alguna universidad han creado unas células solares que se pueden adherir a los cristales de nuestras casas. No parece un gran avance cubrir la única entrada de luz y calor natural con una célula que precisamente trata de absorber la mayor cantidad de radiación solar posible. Pero más descabellado es elegir las ventanas de los edificios, cuando precisamente la mayor superficie disponible no es la de las ventanas, si no la de los muros de la envolvente. ¿Por qué cubrir las ventanas, cuando disponemos de superficie en abundancia de ladrillo feo y opaco? Quizá sea una aplicación solo para edificios de oficinas completamente acristalados. Pero, ¿alguien ha pensado en el mantenimiento de esos cristales? Quien haya trabajado alguna vez en mantenimiento de instalaciones solares, sabe perfectamente que esas células integradas en el vidrio pueden estropearse en algún momento y que será difícil, si no imposible, sustituirlas, puesto que no habrá repuestos o la reparación será sumamente costosa. ¿Por qué complicar lo que es sencillo? Estéticamente hermoso; funcional y económicamente estúpido.

  1. Desconectarse de la red eléctrica

Frente a tu casa tienes una red que te provee de energía con una disponibilidad del 99,9% del tiempo sin interrupción. Pero tu cuñado instalador te convence de que cortes los cables, porque «¡cómo vas a seguir pagándole a las grandes empresas cuando puedes ponerte unos paneles y baterías y desconectarte de la red!». Y ahí vas tú, te das de baja de la compañía y te dejan de llegar las facturas. Pero, claro, necesitas energía, así que tienes que poner una cantidad bastante grande de paneles y una gran capacidad de baterías para darte autonomía durante al menos 5 días en los peores meses del año de invierno. Eso requiere 20.000 euros ahora. Y a los 10 años, cuando se agoten las baterías, otros 5.000 euros. Y cuando se estropee el inversor-cargador, otros 2.000. Y cuando tengas la primera avería un sábado y tu cuñado instalador no vaya a arreglártelo hasta el martes, pues tendrás que comprar un generador diésel porque, como has cortado los cables, tienes energía infinita delante de tu casa, pero no puedes coger ni un kWh. Así que pasas de tener una vida tranquila a tener unos gastos económicos y una incertidumbre considerables. Todo este lío es completamente innecesario. El sistema solar de autoconsumo más normal y popular es aquel conectado a la red. Es una locura desconectarse. Es tan sencillo como que te da energía durante las horas de sol. Si necesitas más energía o energía nocturna, pues te la proporciona la red eléctrica. Vale apenas 6.250 euros y no requiere de baterías, pues sigues conectado a la red. Ya le haces daño a la compañía eléctrica cuando dejas de consumir un 40% de energía, que ahora obtienes del sol.

  1. El cargador solar de móvil

«Pon a cargar tu móvil con un panelito solar». Suena idílico: conectamos nuestro smartphone a un cargador que cabe en un bolsillo y que aprovecha la energía gratis del sol. Aquellos que se hayan comprado algún microcargador solar de móvil, sabrán lo frustrante que es comprobar desde el primer día la poca energía que aporta a sus móviles. ¿Cuál es el problema? Que son paneles liliputienses, casi de juguete. Un panel de tecnología monocristalina, aprovechará un máximo del 15% de la energía incidente del sol en condiciones óptimas (orientado perpendicularmente al sol y a una temperatura óptima). Si el panelito mide apenas unos centímetros, poca energía puede generar. En el mundo real estos microcargadores solares de móviles tienen tan poco rendimiento que requieren alrededor de 20 horas para cargar su propia batería interna. En una hora a buena radiación solar lograríamos un máximo de un 5%. Hay que tener mucha paciencia para cargar un móvil, salvo que se tratase de un Nokia 2110.

  1. Cortinas y ropa solar

¿Te imaginas ir cubierto de pequeñas células solares? Más allá del acierto o no en el diseño de las prendas, el valor añadido y diferencial de la propuesta de ropa solar se centra en el atractivo de disponer de tu propia fuente de energía móvil. Con la promesa de lograr producir 1 vatio de potencia y cargar el móvil en pocas horas, se lanza al mercado una camiseta recubierta de unas 120 finas células solares que difícilmente aguantarán un par de viajes en la lavadora. De nuevo tenemos un montón de células sombreadas continuamente, desorientadas y de capa fina, aún más ineficientes por unidad de superficie. ¿Has pensado en cuántos días necesitaríamos llevar puesta la prenda bajo un sol radiante para lograr cargar nuestro smartphone? Si eres de los que cargan el móvil con un maniquí en la playa, puede serte útil. Pero incluso así, teniendo en cuenta que cargar el móvil cuesta apenas 60 céntimos al año, vamos a dejarnos de juguetes.

 

La imagen del artículo es de Mark Guim – Daylight Savings Solar Phone Charger at Flickr (Source), CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49212165

Solarfobia, el triunfo del oligopolio sobre la razón

Artículo original publicado en la revista GALDE

La solarfobia puede definirse como el miedo a colocar placas fotovoltaicas en el tejado de una casa. Es una de las fobias a las renovables más comunes y, posiblemente, más extendidas en España. Las personas aquejadas de esta fobia creen que el autoconsumo es ilegal, que un peaje al sol hace inviable autogenerar energía, que hay malignos inspectores sancionando por doquier a los productores verdes, multas millonarias o peligros futuros. Las reacciones de los solarfóbicos pueden parecer irracionales a ojos de los ciudadanos de otros países como Portugal, Alemania, Francia, Reino Unido, Chile, donde las personas disfrutan del sentido común de generar energía en sus tejados.

En un estado donde el 35% de la población reside en más de 5 millones de viviendas unifamiliares o adosados, hubiera sido sencillo que al menos el 1% de los hogares, 50.000 viviendas, se hubiera lanzado ya a generar energía gratis con el sol. Que tu vivienda genere el 40% de su energía, o un 25% de ahorro en la factura, son argumentos muy atractivos per se. Sin publicidad y sólo con el boca a boca, el efecto contagioso de la energía solar hubiera provocado una explosión renovable. Pero a Junio de 2016 se encontraban registradas un total de 51 instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo en la sección 1 del Registro de Autoconsumo de Industria, la de los pequeños suministros de potencia inferior a 10kW, lo más común en hogares.

Desde un punto de vista racional, la casi nula implantación del autoconsumo en España no tiene más que ver con las barreras de la legislación vigente, que no son tan grandes como parecen, como con la parálisis colectiva provocada por el miedo. El temor es necesario para protegerse y sobrevivir, pero una mala interpretación de la realidad y una información errónea puede activar el mecanismo del miedo cuando no debería hacerlo. Son las denominadas fobias o los miedos irracionales.

En los últimos 6 años se ha desarrollado en España una de las campañas de comunicación y manipulación anticlimática más exitosas de todo el mundo. La solarfobia generalizada es la gran victoria de toda la gran industria de las energías sucias.

Todo comenzó en la primavera de 2010 en la forma de nuevos mitos. Las plantas fotovoltaicas generaban energía de noche, hasta que la Comisión Nacional de Energía (CNE) demostró meses después que eran errores de medida. Los productores renovables eran “cazaprimas”, aunque prefirieron financiar con su capital la transición renovable. El déficit de tarifa era culpa de las renovables y encarecía la factura, aunque en realidad bajaba el precio del mercado mayorista. Los medios de comunicación fueron el altavoz necesario y para lograr mayor difusión las informaciones tenían que ser sensacionalistas. Los creadores de mitos querían cambiar conciencias y lo consiguieron. Transformaron prestigio en desprestigio asociando valores negativos a las renovables, generando hostilidad y antipatía, cuando no sospecha y cautela.

Esta animadversión sirvió para justificar los cambios legislativos en contra de los productores renovables. Durante 4 años se sucedieron diversos decretos que perjudicaron a más de 60.000 productores, reduciendo sus ingresos. El objetivo entre otros era sanear el sector eléctrico sin tocar los cuantiosos beneficios de centrales nucleares, las hidroeléctricas, el carbón o los ciclos combinados. La Ley 23/2013 y el RD413/2014 culminaron el proceso de recortes garantizando una rentabilidad positiva y razonable a todas las instalaciones renovables. Pero caló en la opinión pública otro mito: que los productores se habían arruinado.

Fue así como la campaña anti-renovable del oligopolio evolucionó a un segundo nivel: la cultura del miedo. Con un consenso internacional sobre el cambio climático y sobre el papel de la eficiencia energética y las renovables para combatirlo, resultaba bastante complicado asociar a las renovables a una amenaza real. Pero conscientes de que el miedo se activa ante amenazas cercanas y no lejanas, aproximaron la amenaza a la vida de las personas. Se promovió insistentemente, que convertirse en productor renovable podía llevar a la ruina a la gente o afectar a su seguridad económica para siempre.

Así los perjudicados y los movimientos sociales cumplieron sin pretenderlo una función importante en la campaña de desprestigio. El castigo a las renovables tuvo una clara intención ideológica: “las renovables son inseguras, no te puedes fiar de ellas”. La visibilización de las víctimas es necesaria para grabar un mensaje mucho más profundo. Evidentemente había que movilizarse y actuar contra las políticas injustas, pero nadie podía imaginar que el oligopolio aprovecharía la fuerza de la protesta en su favor, ahondando en la fobia a las renovables.

Entretanto en noviembre del año 2011 se legaliza el autoconsumo en España con el RD1699/2011. Este real decreto permitía construir generadores eléctricos renovables de hasta 100kW, luego abría el camino al sol y al viento en todas las viviendas, industrias y servicios. Aquí el oligopolio volvió a dar una lección de manipulación. Primero se creó la ilusión de que no existía real decreto de autoconsumo, cuando lo único que faltaba era un nuevo real decreto que mejorara las condiciones del autoconsumo existente recompensando los excedentes con un balance neto o similar.

En segundo lugar, desde el Ministerio de Industria se comenzó a agitar cada pocos meses el rumor de que en breve se aprobaría un nuevo real decreto de autoconsumo. Se trataba de animar a las personas interesadas a esperar un poquito más para ponerse los paneles. Lo que ocurrió fue que nunca cumplieron su palabra y transcurrieron años de espera pese a que el autoconsumo ya era legal y viable desde el 2011. En ese tiempo, se publicaron 3 borradores de real decreto que de nuevo valiéndose tanto de los medios de comunicación lanzaron amenazas: peaje de respaldo, peaje al sol, penalizaciones, multas, etc. Fue una jugada maestra con la que lograron paralizar el autoconsumo, sin tener siquiera que aprobar un real decreto para ello. Bastó con la amenaza a lo desconocido.

Finalmente, en octubre de 2015, se aprueba un real decreto, el RD900/2015 que apenas implica modificaciones respecto al marco ya existente desde el año 2011. Se imponen algunas modificaciones técnicas y administrativas para antiguas instalaciones y multas para los que no las cumplan. Pero el objetivo de estas barreras no es tanto perseguir a los antiguos autoconsumidores, como volver a crear inseguridad a futuro para los que se lo quieran poner. El Ministerio de Industria no tiene medios para inspeccionar las antiguas instalaciones de autoconsumo y eso lo sabe la gente pues ningún autoconsumidor está aplicando las modificaciones que pide el real decreto. En todo caso lo que hay son autoconsumidores que están aprovechando para mejorar y ampliar sus instalaciones.

Por otro lado no existe ningún peaje para aquellas instalaciones que se montan en viviendas. El peaje a la energía autoconsumida existe para los consumidores de más de 10kW, que son normalmente industrias y servicios, y lo único que hace es aumentar el plazo de amortización en 2-3 años.

Hay un mantra que se repite a menudo: “después de lo que hicieron con las renovables, conviene estar alerta y vigilantes. Mejor esperar a una situación mejor”. Ni en sus mejores sueños, IBERDROLA hubiera imaginado un escenario tan ventajoso a sus intereses. Por supuesto, el real decreto de autoconsumo no es suficientemente bueno y habrá que derogarlo por completo para construir algo mucho mejor, pero de nuevo es un mito que el autoconsumo a día de hoy sea inviable.

Cuando el miedo sobrepasa una dosis soportable, se vuelve patológico y crea bloqueos. En esa situación nos encontramos en pleno año 2016. Una tecnología limpia y madura, mucho más barata que un coche, que convierte nuestros hogares en ecológicos y nos permite ahorrar dinero y emisiones de CO2, resulta que apenas se instala en uno de los países con mayor recurso solar de Europa.

Las pocas personas que no se dejaron llevar por la fobia, siguieron adelante con sus planes, generando energía renovable en sus propias casas desde hace años. Ni les han perseguido, ni están perdiendo dinero. Todo lo contrario, están ganando. No son héroes, ni valientes, ni personas extraordinarias, simplemente actúan racionalmente y dejándose llevar por el sentido común. ¿Podremos reírnos dentro de unos años de lo absurdo que fue tener esta fobia masiva durante tantos años? Es el momento de actuar.

 

Lavapiés solar: energía limpia para todo un barrio

Publicado originalmente en el blog ALTERCONSUMISMO de ELPAIS.

A las 12 horas del día de mañana ocurrirá algo increíble en el tejado de un edificio de viviendas del barrio de Lavapiés, en Madrid. Todo comenzará ocho minutos antes en un lugar muy lejano, a 150 millones de kilómetros. A las 11:52 horas se producirá una reacción nuclear en el Sol que pasará inadvertida en la Tierra. Esa potente reacción provocará la transformación de materia en energía y dará inicio a una frenética carrera a la velocidad de la luz y en dirección a nuestro planeta.

En apenas ocho minutos recorrerá el espacio y entrará en la atmósfera terrestre, irrumpirá en el cielo de Lavapiés y chocará a las 12h contra un tejado. El impacto se producirá en silencio, mientras los vecinos pasean por la plaza. Nadie se dará cuenta salvo Montse, que observa la pantalla de un inversor y sonríe observando que los 10 paneles fotovoltaicos de su tejado generan energía. Este suceso se producirá cada día a la misma hora. 365 días al año durante los próximos 30 años, hasta que los paneles agoten su vida útil. El tejado de Montse no es el único. También está el de Antonio, el de Pablo, el de Marta, el de Greg… Los tejados vacíos de nuestras ciudades pronto pasarán a la historia. No ocurrirá de la noche a la mañana, si no a lo largo de una transición energética.

La empresa de no lucro Ecooo, cuya sede se ubica en la calle Escuadra de Lavapiés, ha hecho el ejercicio de recorrer tejado a tejado el popular barrio madrileño, eligiendo los más aptos para una primera etapa de solarización. El resultado se observa en el siguiente mapa público. Se llama Lavapiés Solar. No existe en este momento, pero se podría hacer realidad en tan sólo 2 meses.El barrio de Embajadores-Lavapiés, ubicado en el centro de Madrid, supone un gran reto para un despliegue solar. Más de 45.000 personas viven y consumen energía en un área de 1km2 con más de 22.000 viviendas que ocupan unos 1.300 edificios, muchos de ellos centenarios. Es un barrio con una dependencia energética cercana al 100%: toda la energía que consume el barrio se importa de fuera.

En una primera etapa, Lavapiés Solar aprovecharía todas las azoteas vacías del barrio de Lavapiés. Las 227 azoteas del barrio son cubiertas donde resulta bastante sencillo trabajar porque son planas, accesibles, transitables y seguras para los instaladores. Son lugares donde también habitan chimeneas, casetas, antenas, equipos de aire acondicionado y otros elementos que pueden proyectar sus sombras sobre los paneles solares. Por ese motivo, de los 70.000 metros cuadrados de azoteas disponibles, se podría aprovechar el 33% de la superficie. Un total de 24.000 m2 serían cubiertos por 4.220 módulos repartidos en 227 pequeñas instalaciones fotovoltaicas de diversos tamaños. Unas pequeñas de 2kW y otras más grandes hasta 20kW. Todas juntas sumarían 1MW, suficiente potencia para generar 1.581MWh al año de energía equivalente al consumo de 452 hogares y a una reducción de emisiones de 1.312 toneladas de CO2. No está mal para la primera etapa.

La fotovoltaica es la tecnología energética más rápida de desplegar. Lavapiés Solar sería posible en apenas 30 días de trabajo con un equipo de unas 100 personas (20 pequeñas empresas instaladoras que aportaran 5 trabajadores cada una). Costaría 2 millones de euros. Poco dinero si tenemos en cuenta que estamos en una lucha contrarreloj contra el cambio climático y si lo comparamos con los 5.000 millones de la M30, los 3.400 millones en unaterminal de metro o los 2.400 millones del proyecto Castor. Es nuestra decisión como sociedad priorizar las energías renovables que generan riqueza, empleo digno y ahorro económico y de emisiones de CO2.

En la segunda etapa, Lavapiés Solar se extendería a edificios con cubiertas inclinadas. Son tejados más difíciles para trabajar, con mayor riesgo de caída y que requieren líneas de vida, andamios o grúas. Por eso esta etapa sólo incluiría las mejores cubiertas, aquellas orientadas al sur.

Pese a que la dificultad aumenta el coste, el aprovechamiento solar de la cubierta sería mayor porque los módulos se fijan en el mismo plano del tejado y no hay sombras entre módulos logrando un 66% de aprovechamiento de la superficie. De nuevo el mismo equipo de 100 personas podría construir otras 110 instalaciones solares en 110 tejados, añadiendo otros 847 kW de potencia y aprovechando 6.000m2 de 9.000m2 disponibles. Costaría otros 2 millones de euros y permitiría alcanzar una generación renovable del 1,5% del consumo, un buen porcentaje para un barrio tan concentrado. Todo ello, utilizando un 3% de la superficie del barrio, ahora vacía y sin más uso actual que de envolvente del edificio.

Una tercera etapa podría colonizar las cubiertas orientadas este-oeste, que siguiendo la trayectoria del sol, producirían más energía al este por las mañanas y más energía al oeste en las tardes. Una cuarta etapa podría retornar a las áreas sombreadas de las azoteas donde se podrían instalar microinversores bajo cada panel, una solución más cara pero que podría minimizar las pérdidas. Así, mes a mes, transitando etapa a etapa desde las instalaciones más baratas y sencillas, a las más caras y complejas sería posible ir solarizando todos los edificios del barrio, todos los barrios de la ciudad y todas las ciudades del país. Los excedentes de aquellos barrios solares con viviendas unifamiliares y polígonos industriales, podrían compensar netamente el consumo de barrios superconcentrados como Lavapiés.

Pero ¿qué sentido tiene llenar nuestros tejados de paneles solares? ¿Por qué no apostar por grandes centrales lejos de las ciudades produciendo energía de forma masiva a gran escala? Las instalaciones pequeñas alimentan la economía local, las pequeñas empresas y el tejido social y productivo en condiciones de igualdad y dignidad. La historia nos demuestra que los proyectos a gran escala no son comunitarios ni participativos. Alejan a las personas de los grandes problemas de nuestro tiempo. Reduce el papel de los ciudadanos a meros consumidores de materias primas lejanas. Y la propia dinámica de las grandes obras promovidas por grandes empresas generan además de energía barata, desigualdad, precariedad, concentración y corrupción.

Por eso, la revolución solar, debe ser local y participativa, pequeña y de escala humana. O no será.

Democratizar la eficiencia, la cultura energética en el hogar

Publicado originalmente en la revista ECOHABITAR, en un especial del año 2014.

La escena se repite mes a mes, o bimestralmente, un cargo en nuestra cuenta bancaria, una carta indeseada de la compañía eléctrica o la suministradora de gas se convierte en el recordatorio constante de que algo va mal. Existe un problema por arreglar, pero se aplaza su solución o bien se asume que nunca la tendrá: los precios de la electricidad y el gas suben constantemente, los responsables políticos no están garantizando un acceso a la energía justo y equitativo, las grandes empresas energéticas monopolizan el mercado.

Da la impresión de que los ciudadanos tenemos muy poco margen de maniobra y parece asumido que lo normal es no tener el control del consumo de energía de nuestras casas. Nuestra vivienda consume lo que quiere consumir, se calienta y se enfría como quiere. Para mantener nuestro confort nos adaptamos a las circunstancias dándole más o menos grados a la calefacción o al aire acondicionado. Desconocemos completamente los efectos de esas acciones sobre la naturaleza y tendrá que pasar al menos un mes para conocer los efectos en nuestra cuenta bancaria.

En contraste, nuestro hogar es ese lugar ideal donde sentimos un confort, donde siempre causa gusto y placer regresar, donde tenemos el control total de la situación. La equipamos para ello con herramientas y equipamiento que nos hacen la vida más fácil y autosuficiente, la dotamos de mobiliario y decoración que nos satisface y nos causa un placer estético, la adaptamos, en definitiva, a nuestra forma de ser y estar.

Pero esa factura o el cargo en el banco son el recordatorio de que no controlamos la situación energética, de que la situación nos controla a nosotros. Y de igual forma que elegimos qué color tienen nuestras paredes, qué vamos a cocinar hoy, deberíamos poder elegir cuánta energía vamos a consumir hoy y la vivienda debería adaptarse automáticamente a nuestra elección.

Una de las vías abiertas recientemente para ganar poder de decisión ha sido el Real Decreto 235/2013, que impone la obligación desde el 1 de Junio de 2013 a vendedores y arrendadores de disponer de un certificado de eficiencia energética para todo edificio o vivienda en venta o alquiler, así como mostrar la etiqueta energética con la calificación obtenida a sus potenciales compradores o arrendatarios. Éstos podrán así comparar la calidad de la edificación. Los malos diseños de instalaciones y elecciones de materiales constructivos implicarán un mayor consumo energético y obtendrán una peor calificación energética. Las viviendas más eficientes serán recompensadas con la letra A y las peores con la letra G.

Los datos demuestran que en España el parque de viviendas es ineficiente. De los más de 110.000 certificados registrados en la Comunidad de Madrid hasta el momento, el 80% obtuvieron las calificaciones bajas E, F y G, mientras que las mejores calificaciones A y B fueron obtenidas por tan sólo el 0,2% y 1,2% respectivamente.

Con la calificación energética en la mano, es de esperar que los consumidores elijamos en consecuencia. Pero no todo lo que ven nuestros sentidos sabemos interpretarlo, es la cultura la que nos ayuda a interpretar las cosas. En 2014, todavía no existe en España una cultura de la energía y una prueba de ello es que se siguen valorando las casas por sus metros cuadrados y su ubicación, no por lo bien que vamos a vivir en ellas y lo poco que va a costar mantenerlas. Las personas que compren una vivienda ineficiente a día de hoy, no podrían quejarse a futuro de que nadie les informó de que su casa consumía mucho pues la etiqueta que por ley le debe enseñar el vendedor lo indica. Adquirir una letra E, F o G a día de hoy es adquirir una vivienda deficiente en confort y consumo energético, contaminante y cara de mantener. Pero cabría preguntarse cuánta gente entiende el significado de esa etiqueta que le van a mostrar.

Como recientemente recordaba en una intervención Carlos López Jimeno, director general de Industria, Energía y Minas de la Comunidad de Madrid, hoy en día es impensable que un automóvil no incluya de serie el aire acondicionado, el elevalunas eléctrico, las luces y los limpiaparabrisas automáticos que reaccionan ante la oscuridad o la lluvia, los sistemas de seguridad y alarma, los medidores de la velocidad y del consumo. Nadie lo compraría. Sin embargo, una vivienda que requiere una inversión muchísimo más elevada, que viene de serie sin inteligencia y sólo equipada con lo básico, encuentra comprador fácilmente y a precios desorbitados.

La no elección de viviendas confortables e inteligentes no ha sido motivada por el sobrecoste, ínfimo comparado con el presupuesto total o la sola inversión en muebles. El motivo es la no existencia de una cultura energética que impulse a las personas a exigir al promotor ese equipamiento en sus hogares, a valorar que van a vivir más a gusto en una vivienda con un buen aislamiento acústico y térmico.

Pero desafortunadamente la inmensa mayoría de las personas no ha podido elegir porque adquirió una vivienda antes de julio de 2013 sin que el vendedor le informara de cuánto iba a costar calentarla en invierno o enfriarla en verano. Por eso, es necesario ayudarles a incorporar a sus hogares el ahorro y la eficiencia mediante cambios de hábitos que no afecten al buen vivir, la incorporación de diversos sistemas domóticos y energéticos y la rehabilitación energética.

El Instituto de Diversificación y Ahorro de Energía (IDEA) lleva años realizando un enorme esfuerzo divulgativo para  enseñar a los consumidores a ahorrar energía modificando hábitos o a mostrarnos cuál es el equipamiento más eficiente y cómo podemos mejorar nuestras viviendas. Sin embargo, ese esfuerzo de comunicación ha podido contribuir a la idea de que podemos ahorrar energía si le ponemos voluntad, que todas las personas podemos elegir la mejor solución aunque no tengamos los conocimientos técnicos ni sepamos de qué están hechas nuestras paredes y ventanas y que se trata en definitiva de una cuestión de autoayuda.

No hay que confundir el despilfarro, con un uso razonable de la energía. Los cambios tienen que ser bienvenidos y no es aceptable que personas que usan razonablemente la energía caigan en la austeridad e incomodidad. No es razonable ir apagando luces, es razonable que se apaguen solas. No es razonable que comiences a sentir calor y tengas que elegir tú mismo la temperatura de confort y aguardar media hora a que la estancia la alcance, es razonable que sea la propia casa la que te proporcione esa temperatura. No es razonable que la casa dependa de un mercado energético tan poco transparente y opaco, es razonable aumentar la autoproducción de energía y lograr mayor grado de independencia energética.

Muchas familias se han lanzado a emprender reformas energéticas en su hogar con una información muy limitada, pero confiados las recomendaciones de medios, amigos o comerciales. Acudiendo a un vendedor de sistemas de biomasa obviamente la recomendación será calderas de biomasa, el fontanero recomienda calefacción con sistemas solares térmicos y las compañías eléctricas le recomendarán calor azul. Todos ofrecen cifras impresionantes de ahorro a menudo sin visitar las viviendas, basados en estudios generales y no particulares.

Cualquier arquitecto o ingeniero sabe que todas las viviendas son diferentes, tanto en materiales constructivos, como en región climática en la que se encuentran, en tipología unifamiliar o edificio, en cerramientos, en usos… Pero las campañas de comunicación han creado en el imaginario colectivo la idea de que un burlete es la solución a nuestros problemas, un cambio de ventanas implicará un ahorro espectacular o cambiar el frigorífico va a suponer el fin de nuestra amargura al ver la factura de la luz. Unas veces saldrá bien la jugada y otras no, habrá que seguir mejorando cosas. Generalizar es peligroso y así a prueba y error es como los ciudadanos han ido mejorando a paso de tortuga el confort de sus viviendas y reduciendo su consumo.

Una hoja de ruta para retomar el control de la energía en nuestro hogar incluiría como primer paso la medida (tecnología), como segundo paso la interpretación y el análisis de esa medida, como tercer paso la evaluación de las propuestas de mejora y como último paso la ejecución de esas mejoras.

Comenzando por la medida se puede afirmar que no podemos mejorar lo que no podemos medir, no podemos adelgazar sin antes habernos pesado, no podemos ahorrar sin medir lo que consumimos y gastamos hoy. La consecuencia de invertir en una mejora sin haber medido antes es que no podemos medir su éxito pues no podemos comparar el antes con el después. Si el precio de la electricidad sube va a ser difícil que notemos que realmente estamos consumiendo menos energía.

En el mercado existen ya multitud de medidores de electricidad fáciles de instalar (Envi-R, OWL, Efergy) que desde unos 60-75€ nos muestran en pantalla, en internet o en el móvil el consumo instantáneo y el acumulado minuto a minuto, día a día, mes a mes. Por una pequeña inversión, dotamos de inteligencia a nuestro hogar y esa información nos ayudará a encontrar ineficiencias en nuestros consumos eléctricos. Por tanto, antes de decidirse a cambiar un frigorífico, un termo eléctrico o cualquier otro aparato eléctrico de gran consumo, merece la pena medir lo que están consumiendo. También nos ayudará a cambiar hábitos, a darnos cuenta de que ese minuto de más que dejamos la olla puesta, supone mucho más consumo una hora de bombilla encendida.

Una vez que medimos, toca interpretar y analizar esos datos y evaluar las propuestas de mejora. Hasta cierto nivel básico todos podemos auto-diagnosticarnos independientemente de nuestros conocimientos técnicos. Pero siempre obtendremos mejores resultados si llamamos al especialista que es el auditor energético. No sólo pueden tomar medidas más complejas con cámaras termográficas, analizadores de redes o sensores de temperatura, sino que tienen un amplio conocimiento de todos los sistemas de climatización, materiales, cerramientos y soluciones. Están en mejor disposición para ayudarnos a elegir las mejores soluciones de entre un amplio abanico de propuestas de mejora.

La nueva cultura energética requiere de una mentalidad más abierta por parte de los consumidores, acostumbrados a las soluciones de toda la vida, y por parte de los técnicos y empresas especializadas en eficiencia y ahorro energético que no están ofreciendo soluciones a estas personas, quizá más enfocados a trabajar para la industria y el comercio.

En los últimos años hemos visto aparecer soluciones innovadoras a viejos problemas. Cuesta imaginar que, ante la necesidad de encontrar un alojamiento más barato y tener una inmersión cultural en un país, la solución fuera el acoger a turistas en el sofá de tu casa como propone Couchsurfing. O que para viajar más cómodo que en el bus o gastar menos en gasolina, la solución fuera compartir tu coche con personas desconocidas.

Si las personas de este país quieren pagar menos en su factura y quieren ver una película en su salón sin una sensación de pies fríos o entrar a una cocina que está a dos grados menos que el pasillo, la solución que se les ha ofrecido hasta ahora es: búsquese usted la vida, busque las tecnologías, modifique sus propios hábitos, adáptese usted a la casa.

Nuestra propuesta consiste en generar una nueva cultura de la energía en la que los ciudadanos retomen el control de su consumo y tengan una mejor calidad de vida en sus hogares. Para ello, será preciso que las puertas de las casas se abran a los auditores energéticos, para que midan, analicen, propongan y aconsejen a las familias dónde deben mejorar con un catálogo de propuestas personalizadas. Los profesionales de la eficiencia y ahorro de energía deberían inventar servicios para todos los públicos y diversos en precios y complejidad, para impulsar que cada vez sean más ciudadanos los que tomen las riendas de su consumo, para democratizar las auditorías energéticas.

 

Fuentes:

La imagen del artículo ha sido realizada por Øyvind Holmstad – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=58407874