Democratizar la eficiencia, la cultura energética en el hogar

Publicado originalmente en la revista ECOHABITAR, en un especial del año 2014.

La escena se repite mes a mes, o bimestralmente, un cargo en nuestra cuenta bancaria, una carta indeseada de la compañía eléctrica o la suministradora de gas se convierte en el recordatorio constante de que algo va mal. Existe un problema por arreglar, pero se aplaza su solución o bien se asume que nunca la tendrá: los precios de la electricidad y el gas suben constantemente, los responsables políticos no están garantizando un acceso a la energía justo y equitativo, las grandes empresas energéticas monopolizan el mercado.

Da la impresión de que los ciudadanos tenemos muy poco margen de maniobra y parece asumido que lo normal es no tener el control del consumo de energía de nuestras casas. Nuestra vivienda consume lo que quiere consumir, se calienta y se enfría como quiere. Para mantener nuestro confort nos adaptamos a las circunstancias dándole más o menos grados a la calefacción o al aire acondicionado. Desconocemos completamente los efectos de esas acciones sobre la naturaleza y tendrá que pasar al menos un mes para conocer los efectos en nuestra cuenta bancaria.

En contraste, nuestro hogar es ese lugar ideal donde sentimos un confort, donde siempre causa gusto y placer regresar, donde tenemos el control total de la situación. La equipamos para ello con herramientas y equipamiento que nos hacen la vida más fácil y autosuficiente, la dotamos de mobiliario y decoración que nos satisface y nos causa un placer estético, la adaptamos, en definitiva, a nuestra forma de ser y estar.

Pero esa factura o el cargo en el banco son el recordatorio de que no controlamos la situación energética, de que la situación nos controla a nosotros. Y de igual forma que elegimos qué color tienen nuestras paredes, qué vamos a cocinar hoy, deberíamos poder elegir cuánta energía vamos a consumir hoy y la vivienda debería adaptarse automáticamente a nuestra elección.

Una de las vías abiertas recientemente para ganar poder de decisión ha sido el Real Decreto 235/2013, que impone la obligación desde el 1 de Junio de 2013 a vendedores y arrendadores de disponer de un certificado de eficiencia energética para todo edificio o vivienda en venta o alquiler, así como mostrar la etiqueta energética con la calificación obtenida a sus potenciales compradores o arrendatarios. Éstos podrán así comparar la calidad de la edificación. Los malos diseños de instalaciones y elecciones de materiales constructivos implicarán un mayor consumo energético y obtendrán una peor calificación energética. Las viviendas más eficientes serán recompensadas con la letra A y las peores con la letra G.

Los datos demuestran que en España el parque de viviendas es ineficiente. De los más de 110.000 certificados registrados en la Comunidad de Madrid hasta el momento, el 80% obtuvieron las calificaciones bajas E, F y G, mientras que las mejores calificaciones A y B fueron obtenidas por tan sólo el 0,2% y 1,2% respectivamente.

Con la calificación energética en la mano, es de esperar que los consumidores elijamos en consecuencia. Pero no todo lo que ven nuestros sentidos sabemos interpretarlo, es la cultura la que nos ayuda a interpretar las cosas. En 2014, todavía no existe en España una cultura de la energía y una prueba de ello es que se siguen valorando las casas por sus metros cuadrados y su ubicación, no por lo bien que vamos a vivir en ellas y lo poco que va a costar mantenerlas. Las personas que compren una vivienda ineficiente a día de hoy, no podrían quejarse a futuro de que nadie les informó de que su casa consumía mucho pues la etiqueta que por ley le debe enseñar el vendedor lo indica. Adquirir una letra E, F o G a día de hoy es adquirir una vivienda deficiente en confort y consumo energético, contaminante y cara de mantener. Pero cabría preguntarse cuánta gente entiende el significado de esa etiqueta que le van a mostrar.

Como recientemente recordaba en una intervención Carlos López Jimeno, director general de Industria, Energía y Minas de la Comunidad de Madrid, hoy en día es impensable que un automóvil no incluya de serie el aire acondicionado, el elevalunas eléctrico, las luces y los limpiaparabrisas automáticos que reaccionan ante la oscuridad o la lluvia, los sistemas de seguridad y alarma, los medidores de la velocidad y del consumo. Nadie lo compraría. Sin embargo, una vivienda que requiere una inversión muchísimo más elevada, que viene de serie sin inteligencia y sólo equipada con lo básico, encuentra comprador fácilmente y a precios desorbitados.

La no elección de viviendas confortables e inteligentes no ha sido motivada por el sobrecoste, ínfimo comparado con el presupuesto total o la sola inversión en muebles. El motivo es la no existencia de una cultura energética que impulse a las personas a exigir al promotor ese equipamiento en sus hogares, a valorar que van a vivir más a gusto en una vivienda con un buen aislamiento acústico y térmico.

Pero desafortunadamente la inmensa mayoría de las personas no ha podido elegir porque adquirió una vivienda antes de julio de 2013 sin que el vendedor le informara de cuánto iba a costar calentarla en invierno o enfriarla en verano. Por eso, es necesario ayudarles a incorporar a sus hogares el ahorro y la eficiencia mediante cambios de hábitos que no afecten al buen vivir, la incorporación de diversos sistemas domóticos y energéticos y la rehabilitación energética.

El Instituto de Diversificación y Ahorro de Energía (IDEA) lleva años realizando un enorme esfuerzo divulgativo para  enseñar a los consumidores a ahorrar energía modificando hábitos o a mostrarnos cuál es el equipamiento más eficiente y cómo podemos mejorar nuestras viviendas. Sin embargo, ese esfuerzo de comunicación ha podido contribuir a la idea de que podemos ahorrar energía si le ponemos voluntad, que todas las personas podemos elegir la mejor solución aunque no tengamos los conocimientos técnicos ni sepamos de qué están hechas nuestras paredes y ventanas y que se trata en definitiva de una cuestión de autoayuda.

No hay que confundir el despilfarro, con un uso razonable de la energía. Los cambios tienen que ser bienvenidos y no es aceptable que personas que usan razonablemente la energía caigan en la austeridad e incomodidad. No es razonable ir apagando luces, es razonable que se apaguen solas. No es razonable que comiences a sentir calor y tengas que elegir tú mismo la temperatura de confort y aguardar media hora a que la estancia la alcance, es razonable que sea la propia casa la que te proporcione esa temperatura. No es razonable que la casa dependa de un mercado energético tan poco transparente y opaco, es razonable aumentar la autoproducción de energía y lograr mayor grado de independencia energética.

Muchas familias se han lanzado a emprender reformas energéticas en su hogar con una información muy limitada, pero confiados las recomendaciones de medios, amigos o comerciales. Acudiendo a un vendedor de sistemas de biomasa obviamente la recomendación será calderas de biomasa, el fontanero recomienda calefacción con sistemas solares térmicos y las compañías eléctricas le recomendarán calor azul. Todos ofrecen cifras impresionantes de ahorro a menudo sin visitar las viviendas, basados en estudios generales y no particulares.

Cualquier arquitecto o ingeniero sabe que todas las viviendas son diferentes, tanto en materiales constructivos, como en región climática en la que se encuentran, en tipología unifamiliar o edificio, en cerramientos, en usos… Pero las campañas de comunicación han creado en el imaginario colectivo la idea de que un burlete es la solución a nuestros problemas, un cambio de ventanas implicará un ahorro espectacular o cambiar el frigorífico va a suponer el fin de nuestra amargura al ver la factura de la luz. Unas veces saldrá bien la jugada y otras no, habrá que seguir mejorando cosas. Generalizar es peligroso y así a prueba y error es como los ciudadanos han ido mejorando a paso de tortuga el confort de sus viviendas y reduciendo su consumo.

Una hoja de ruta para retomar el control de la energía en nuestro hogar incluiría como primer paso la medida (tecnología), como segundo paso la interpretación y el análisis de esa medida, como tercer paso la evaluación de las propuestas de mejora y como último paso la ejecución de esas mejoras.

Comenzando por la medida se puede afirmar que no podemos mejorar lo que no podemos medir, no podemos adelgazar sin antes habernos pesado, no podemos ahorrar sin medir lo que consumimos y gastamos hoy. La consecuencia de invertir en una mejora sin haber medido antes es que no podemos medir su éxito pues no podemos comparar el antes con el después. Si el precio de la electricidad sube va a ser difícil que notemos que realmente estamos consumiendo menos energía.

En el mercado existen ya multitud de medidores de electricidad fáciles de instalar (Envi-R, OWL, Efergy) que desde unos 60-75€ nos muestran en pantalla, en internet o en el móvil el consumo instantáneo y el acumulado minuto a minuto, día a día, mes a mes. Por una pequeña inversión, dotamos de inteligencia a nuestro hogar y esa información nos ayudará a encontrar ineficiencias en nuestros consumos eléctricos. Por tanto, antes de decidirse a cambiar un frigorífico, un termo eléctrico o cualquier otro aparato eléctrico de gran consumo, merece la pena medir lo que están consumiendo. También nos ayudará a cambiar hábitos, a darnos cuenta de que ese minuto de más que dejamos la olla puesta, supone mucho más consumo una hora de bombilla encendida.

Una vez que medimos, toca interpretar y analizar esos datos y evaluar las propuestas de mejora. Hasta cierto nivel básico todos podemos auto-diagnosticarnos independientemente de nuestros conocimientos técnicos. Pero siempre obtendremos mejores resultados si llamamos al especialista que es el auditor energético. No sólo pueden tomar medidas más complejas con cámaras termográficas, analizadores de redes o sensores de temperatura, sino que tienen un amplio conocimiento de todos los sistemas de climatización, materiales, cerramientos y soluciones. Están en mejor disposición para ayudarnos a elegir las mejores soluciones de entre un amplio abanico de propuestas de mejora.

La nueva cultura energética requiere de una mentalidad más abierta por parte de los consumidores, acostumbrados a las soluciones de toda la vida, y por parte de los técnicos y empresas especializadas en eficiencia y ahorro energético que no están ofreciendo soluciones a estas personas, quizá más enfocados a trabajar para la industria y el comercio.

En los últimos años hemos visto aparecer soluciones innovadoras a viejos problemas. Cuesta imaginar que, ante la necesidad de encontrar un alojamiento más barato y tener una inmersión cultural en un país, la solución fuera el acoger a turistas en el sofá de tu casa como propone Couchsurfing. O que para viajar más cómodo que en el bus o gastar menos en gasolina, la solución fuera compartir tu coche con personas desconocidas.

Si las personas de este país quieren pagar menos en su factura y quieren ver una película en su salón sin una sensación de pies fríos o entrar a una cocina que está a dos grados menos que el pasillo, la solución que se les ha ofrecido hasta ahora es: búsquese usted la vida, busque las tecnologías, modifique sus propios hábitos, adáptese usted a la casa.

Nuestra propuesta consiste en generar una nueva cultura de la energía en la que los ciudadanos retomen el control de su consumo y tengan una mejor calidad de vida en sus hogares. Para ello, será preciso que las puertas de las casas se abran a los auditores energéticos, para que midan, analicen, propongan y aconsejen a las familias dónde deben mejorar con un catálogo de propuestas personalizadas. Los profesionales de la eficiencia y ahorro de energía deberían inventar servicios para todos los públicos y diversos en precios y complejidad, para impulsar que cada vez sean más ciudadanos los que tomen las riendas de su consumo, para democratizar las auditorías energéticas.

 

Fuentes:

La imagen del artículo ha sido realizada por Øyvind Holmstad – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=58407874

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *