Entusiasmar al mundo: los sistemas de gestión de calidad en las empresas renovables

Cada año, más de un millón de empresas implantan la norma ISO 9001 para gestionar su calidad. Ésta es la norma internacional para establecer, implementar y mantener sistemas de gestión de la calidad en las organizaciones: una colección de procesos, procedimientos y registros que podrían definirse como las reglas del juego que una empresa sigue para producir y entregar sus productos y servicios a sus clientes. Lo bueno de este tipo de normas es que están reconocidas internacionalmente. Cualquier persona en cualquier país reconocerá a las empresas que han implantado este sistema de gestión de calidad, pues evidencia precisamente a aquellas empresas que están enfocadas a la satisfacción de sus clientes y a la mejora continua.

En esta gran carrera mundial por reducir al máximo la quema de combustibles fósiles y al mismo tiempo suministrar energía, las empresas renovables juegan un papel crucial. Siempre se nos han pedido pruebas de que nuestra tecnología podía ser mejor que la tecnologías sucias. Durante décadas hemos tenido que ganarnos la confianza y la fe de políticos y ciudadanía de a pie. Hoy ya hemos alcanzado el inicio de la era de las renovables. Pero tenemos que ser conscientes que nos han dejado irrumpir demasiado tarde. El escenario que tendremos en el año 2100 es de un planeta 4ºC más caliente. Es urgente acelerar aún más el despliegue de las renovables en el mundo para no superar el límite de 2ºC.

¿Por qué todas las empresas renovables deberían subirse a la ISO9001?

La gente quiere generar su propia energía en sus casas y organizaciones. Y el primer obstáculo al que se enfrentan es coger el teléfono y llamar una de esas empresas que ha encontrado por internet.  Desafortunadamente todos sentimos ese miedo cuando tenemos que llamar a una empresa desconocida para que nos haga una reparación o reforma en casa. La principal preocupación no es el precio, sino elegir una empresa seria y responsable que nos deje la casa perfecta.

La gran ventaja de la norma ISO9001 es que está enfocada a satisfacer a los clientes. Cada persona es un mundo, pero reflexionar acerca de lo que tus clientes necesitan para estar satisfechos, es sinónimo de que lograrás mejores servicios y productos. Contratar a una empresa que tiene implantado un sistema de control de calidad no asegura nada, pero sí envía una señal interesante. Es el indicador de que la empresa se ha tomado su tiempo y esfuerzo para pensar sobre su forma de hacer las cosas y sobre cómo mejorar continuamente. Las chapuzas son incompatibles con la mejora continua, ¡salvo que acabes de empezar! En ese sentido el tiempo juega a favor de aquellas empresas que lleven ya años con un sistema de gestión de calidad.

Tenemos que generar entusiasmo y alegría. Esas sensaciones de reconocimiento y plenitud que tan bien ha trabajado la industria del automóvil para lograr que cientos de millones de personas en todo el mundo tengan hoy coches. Porque las renovables van a ser de la gente. No van a estar en manos de los estados o de las grandes empresas, sino que van a ser propiedad de millones de personas que bien van a generar energía en sus viviendas o bien en grandes plantas compartidas en la forma de cooperativas energéticas. Y ese entusiasmo sólo lo podrán generar aquellas empresas con un espíritu de mejora continua enfocada a sus clientes. No puede surgir sólo de buenas intenciones e improvisación. Funcionará en algunos casos, pero jamás de forma masiva. Y el objetivo de las renovables tiene que ser masivo.

¿Cómo implantar un sistema de gestión de calidad?

En toda construcción hay un gran número de procesos interrelacionados. Poner las cosas sobre el papel y ver cómo influye la elección de un equipo en los tiempos de entrega, en el mantenimiento posterior de la instalación, en los tiempos de la instalación; precisamente ayuda a detectar las ineficiencias. La ISO9001 no se trata de escribir grandes tochos de papel, se trata de reflexionar sobre lo que haces y cómo lo haces. Esas mejoras en tiempos y en reducción de errores, son mayores beneficios económicos por los ahorros y por aumentar las ventas.

A veces hay decisiones que se toman por inercia, porque siempre se ha hecho así. Pero con la rapidez de los tiempos, lo que era ya no es y lo que será pronto dejará de serlo. El sistema de gestión de calidad es la herramienta que nos ayuda a controlar que la mayoría de las decisiones se adopten en base a evidencias. Y si las evidencias nos dicen que las cosas ya no son lo que eran, que la normativa ha cambiado, que las necesidades de los clientes son diferentes; entonces es el momento de tomar otras decisiones mejores.

El principal resultado es una cultura de la mejora continua. Así ahorramos tiempo, dinero y recursos. Merece la pena tener a tu equipo activado pensando cómo mejorar, en vez de perdiendo el tiempo en tareas ineficientes. La gente además se motiva más, pues participa de la construcción de la propia organización aportando sus ideas y co-decidiendo.

Si ya estás motivado a impulsar el sistema de gestión de calidad, toca pasar a la acción paso a paso. En resumen, todo consiste en reflexionar sobre la política de calidad, los objetivos de calidad, cómo piensas lograrlos y el manual de calidad. Según lo que consideres calidad en tu organización, será el alcance que tendrá el sistema de gestión de calidad.

Ahora que lo tienes claro, es cuando empiezas a rellenar los documentos obligatorios que exige la norma. Son los documentos más importantes que toda organización debería tener claros. Y luego, si te sobra el tiempo, puedes añadir procesos adicionales que son voluntarios, pero que para tu organización pueden ser relevantes. Se trata de documentos como la documentación que tiene que incluir el manual de calidad,  el control de documentos y de registros, cómo se va a implementar y mantener el sistema, cómo se controlan los recursos de la empresa, cómo se planifican, diseñan y crean los productos y servicios, cómo se monitoriza que el sistema está funcionando bien, cómo se evalua si el cliente está satisfecho o no.

Cuando toda la maquinaría del sistema de gestión de calidad esté en marcha, puedes auditar tu organización para comprobar si lo que se hace se ajusta al sistema, o bien hay problemas o debilidades. De esa auditoría de lo que se hace, puedes revisar qué cosas mejorar y realizar las acciones correctivas que sean necesarias. Y todo puede acabar aquí. Quizá no necesites contratar la certificación, si no necesitas el sello para tus clientes y estás seguro de que lo has hecho bien. O quizá sí, puedes adquirir los servicios de los especialistas, que revisarán tu documentación primero y luego revisarán tu empresa para ver si se ajusta a lo que dice la documentación o es todo un cuento.

Revisa las referencias si quieres más información. Pero si diriges una empresa, no le des muchas vueltas y pon a tu equipo a trabajar en ello cuánto antes.

 


Referencias:

Hammar, M. (2014, July 8). Six greatest myths about ISO9001. ISO 9001 Blog. https://advisera.com/9001academy/blog/2014/07/08/six-greatest-myths-iso-9001-2/
9001 Academy. 2016. What is ISO 9001? How can the latest 2015 revision help your business succeed? https://advisera.com/9001academy/what-is-iso-9001/
Hammar, M. Quality Management System: What is it? 9001 Academy. https://advisera.com/9001academy/knowledgebase/quality-management-system-what-is-it/

Municipios y energía distribuidora

Publicado en la Revista de Obras Públicas. Febrero 2017

Un escenario esperanzador

Es un ejercicio ilusionante imaginar los municipios 100% sostenibles del mañana, repletos de generadores renovables aprovechando los flujos energéticos del sol, el agua y el viento para inyectar energía limpia directamente en los lugares de consumo de forma descentralizada. Es irreversible llegar ahí. El tiempo que nos lleve será una cuestión de acción más que de imaginación.

Quedará en el recuerdo los días absurdos en los que traíamos ingentes cantidades gas de lugares tan lejanos como Argelia o Nigeria. La nueva ola de energía renovable distribuida y local permitirá acometer la desconexión de grandes centrales eléctricas sucias de gas, fuel y carbón, sustituyéndolas progresiva y planificadamente por fuentes renovables a pequeña escala. A buen ritmo se podrán ir reduciendo los combustibles fósiles que importamos del exterior para mover nuestros vehículos y calentar nuestros hogares. Y con un consumo más inteligente, un mejor confort, con garantía de suministro y menores emisiones de carbono, se irá dando carpetazo a una etapa histórica protagonizada por sistemas centralizados, que transportaban y distribuían la energía desde grandes plantas de generación a los hogares, la industria y los servicios.

Con todas sus ventajas, en el diseño del nuevo modelo energético nos encontramos en un momento crucial. Los nuevos sistemas de energía distribuida renovable pueden acabar en su mayor porcentaje concentrados en pocas manos privadas, como en el modelo actual, o bien pueden acabar en manos de la ciudadanía. Por ello es importante reflexionar sobre cuáles son los objetivos de los proyectos de generación distribuida: ¿el acceso y control de la energía como un derecho para las personas o solamente como el negocio de unos pocos?

Energía distribuida, también entre las personas

El nuevo modelo de democracia energética va más allá del mercado y de la seguridad de suministro y consiste en que los recursos energéticos y las infraestructuras estén bajo control público-ciudadano. Si la mayor parte de la nueva generación renovable acaba en manos de las personas, se dirá adiós al actual modelo de propiedad centralizado y vertical que tanto ha perjudicado al despliegue de las renovables y al coste de la factura de la luz. Es una gran oportunidad para que los ciudadanos dejen de ser consumidores pasivos y se conviertan en productores y a la vez usuarios de la energía.

El estado de la tecnología ya lo permite. La espectacular caída de precios de los sistemas renovables facilita que, las personas puedan promover renovables en sus propios hogares, los ayuntamientos en los edificios públicos o las pequeñas empresas en sus naves y oficinas. La autogeneración de energía es la forma más descentralizada de implantar renovables y posibilita a la ciudadanía ser partícipe de la transición energética. Nos parece que el término «autogeneración» es más acertado que el habitual término «autoconsumo», pues engloba tanto el consumo individual de la energía generada, como la inyección de excedentes de energía a la red a fin de que éstos sean aprovechados por otros usuarios de la red.

En este momento histórico, es posible que las personas puedan reapropiarse de la energía y recuperar su valor de uso por encima de su valor de cambio. Si en la nueva democracia energética todas las personas se convierten en dueñas de los medios de generación, las grandes empresas que actualmente controlan el sector tendrán que adaptarse a una nueva realidad en la que podrán prestar valiosos servicios energéticos, pero donde el control y diseño de las políticas energéticas están al servicio del interés general. Para ello es imperativo que los protagonistas del cambio sean las personas que viven y usan la energía. Y en ese empoderamiento ciudadano, los municipios tienen un papel clave.

El ámbito municipal como catalizador de cambio de modelo energético

La gobernanza de los municipios es pragmática y está enfocada en resolver los problemas de las personas que habitan el territorio por lo que es un nivel de gobierno que conecta directamente con la ciudadanía.

A los municipios les corresponde promover espacios en los que la inteligencia colectiva de sus ciudadanos protagonice el diseño de las ciudades 100% renovables. Es el momento en el que formas más sensatas de producción y gestión tomen el relevo.

La ciudad inteligente debe proporcionar lugares y espacios donde las personas conecten y se relacionen, estimulando la vida social en todas sus formas. Así, la ciudad inteligente y las redes distribuidas deben ser mucho más que la aglomeración de personas individuales, generadores y redes eléctricas que discurren bajo las calzadas. La ciudad energéticamente sostenible va más allá de una mera construcción física y artificial, su verdadero valor radica en el conjunto de nuevos procesos y nuevas relaciones humanas.

Las ciudades, los pueblos son los laboratorios perfectos para la innovación social. Seguro que la innovación tecnológica facilitará el proceso, pero ya tenemos tecnología suficiente para realizar grandes cambios. De ahí que la urgencia, sea emplear nuestra inteligencia, reflexiones y prácticas en facilitar procesos de participación ciudadana. Porque no se trata de un cambio tecnológico, sino de un cambio de modelo, cuya clave radica en la participación de las personas. Y como es evidente, la administración local por su proximidad, tiene el potencial de ser el catalizador que promueva estos procesos.

Lo que los municipios pueden hacer hoy

Alemania es el mejor ejemplo de participación ciudadana en energía con un 12% de la generación energética total y un 46% de la generación renovable en manos de personas individuales y cooperativas. Alrededor de 900 cooperativas energéticas han tenido un papel relevante en este despliegue participativo. La principal lección que los municipios deben aprender de ello es que la mayor parte de estas cooperativas no nacieron por los incentivos económicos de la legislación central o por motivaciones ambientales. Surgieron principalmente por el empuje de los gobiernos locales de pueblos y pequeñas ciudades. Muchos municipios entendieron que era esencial promover la inversión, el empleo y el desarrollo a nivel local. Las cooperativas resultaron ser una herramienta muy útil en el despliegue, por su potencial de dotar a los ciudadanos y cooperativistas de una voz y de un espacio de participación directa. En los proyectos de energía comunitaria son los ciudadanos los que participan directamente en el diseño, promoción y beneficios de los proyectos, ya sea mediante organizaciones como cooperativas, empresas e instituciones públicas.

En los nuevos proyectos que se promuevan en el entorno local, sus habitantes deberían tener el derecho a decidir dónde van los beneficios y cómo deben ejecutarse esos proyectos para lograr el mayor bien posible a cada barrio y comunidad local. La mayor parte de los beneficios obtenidos por el uso de recursos locales deberían quedarse en el propio municipio. Es la administración local la que debería poner el filtro técnico y priorizar aquellos proyectos con mayor participación ciudadana y cuyos beneficios económicos aterricen directamente en los bolsillos locales. Es evidente que si la propiedad es de las personas que vive en el territorio, todos los proyectos maximizarán el bienestar local.

Sistemas integrales de energía comunitaria

Los denominados sistemas integrales de energía comunitaria son una alternativa interesante de integración de las fuentes de energía distribuida, pues permiten ir más allá de la implantación individual de generadores, favoreciendo la cooperación ciudadana y el intercambio local de energía, siempre con el control de los usuarios de la energía. Pueden favorecer el bien de las comunidades locales con precios bajos de la energía, bajas emisiones de CO2, independencia de las grandes compañías, creación de empleo, mejora de la calidad de vida y otras ventajas. En este tipo de sistemas, una agrupación de hogares puede unirse y cooperar, obteniendo los beneficios económicos de la compra conjunta, del uso compartido de infraestructuras, de la fuerza social de la suma y defensa de intereses conjuntos, del ahorro de costes de mantenimiento, etc. Los hogares pueden invertir de forma cooperativa en tecnologías energéticas diversas como fotovoltaica, solar térmica, pilas de combustible, almacenamiento, coches eléctricos o sistemas inteligentes de gestión de la energía.

Los barrios y urbanizaciones de viviendas unifamiliares existentes en los municipios, son un buen punto de partida para promover este tipo de cooperación energética. Comunidades ya existentes, con cierto grado de autoorganización para servicios comunes, con viviendas de características constructivas y de instalaciones similares, presentan ventajas suficientes como para priorizarlos en el desarrollo de las nuevas redes distribuidas. Los ayuntamientos tienen un papel estratégico fomentando activamente este tipo de sistemas: facilitando el desarrollo de organizaciones vecinales, brindando respaldo institucional y asesoría técnica y legal.

Este enfoque comunitario es compatible con que hogares, empresas y servicios puedan contribuir individualmente a la generación distribuida sin integrarse aún en sistemas cooperativos.

Existe una gran diversidad de opciones tecnológicas y conviene analizarlas por separado, valorando sus pros y contras y analizando estratégicamente qué tecnologías permitan lograr más rápida y democráticamente los objetivos del municipio. Es importante visualizar que los proyectos de energía distribuida pueden ir más allá de la generación eléctrica, como es el caso del district heating o del transporte. En el ámbito eléctrico, la fotovoltaica es la tecnología que actualmente permite un despliegue masivo, por su reducido coste, su sencillez de montaje e integración. Tiene sentido innovar y experimentar con otras tecnologías, pero midiendo adecuadamente los recursos municipales disponibles. No tendría sentido dedicar el escaso tiempo de los técnicos municipales en investigar y arriesgar con opciones demasiado novedosas, cuando ya existen tecnologías renovables viables hoy.

Los beneficios de la revolución renovable, deben repartirse entre todas las personas que habitan el municipio, independientemente de su poder adquisitivo, de su hábitat y medio de vida. Ofrecer energía más barata y de origen renovable debe convertirse en nuevo derecho para la ciudadanía. Así por ejemplo, los municipios deben atender tanto a las viviendas unifamiliares como a aquellas ubicadas en bloques de viviendas, diseñando políticas públicas que permitan la participación de unos y otros. Y por supuesto, llegar donde las personas o familias que se encuentren en situación de vulnerabilidad, no puedan llegar.

Generación de una cultura de bienvenida

A nivel municipal es imprescindible crear una cultura energética de bienvenida, que ilusione e incentive a los ciudadanos a subirse al tren de la transición energética. Un sector tan complejo y opaco combinado con una cultura energética inexistente, ha generado una desafección ciudadana en una cuestión estratégica. Por lo tanto, urge explorar la capacidad de transformar las malas noticias tales como, el aumento de precios en la factura de la luz, el cambio climático, la pobreza energética, las puertas giratorias y el malestar social existente en torno a ellas, en acciones positivas directas e inmediatas para remediarlas.

En general, en el ámbito energético las personas necesitan mejor información y un buen asesoramiento. Actualmente la principal fuente de información a los ciudadanos son las propias empresas instaladoras. Para que la generación renovable se extienda mucho más rápidamente esta información debe ser más objetiva e imparcial. En eso, los municipios tienen un rol capital, pues pueden recomendar aquellas tecnologías más adecuadas para el entorno, valorando los instaladores ya existentes, las experiencias que han demostrado su éxito a nivel local, e incluso las ayudas o incentivos públicos de los que se pueden beneficiar sus ciudadanos. Una ventanilla única informativa con un técnico municipal al servicio de las personas, que brinde atención energética especializada, que asesore de manera práctica sobre los procedimientos e informe de cualquier incentivo existente.

A fecha de hoy, en términos generales podemos decir que la experiencia que tienen los ciudadanos que van a instalar sistemas renovables en sus hogares y que acuden al ayuntamiento a informarse es muy mejorable. Se enfrentan a procedimientos administrativos complejos y caros. Actualmente las tasas de tramitación y de licencia de obra suponen un 10% del precio de una pequeña instalación fotovoltaica. Son tasas pensadas para grandes obras, no para las pequeñas mejoras en el hogar. Los requisitos documentales que solicitan los técnicos municipales de nuevo caen en los excesos. Es tan extensa la documentación técnica en forma de planos, memorias y formatos a cumplimentar, que lleva más horas superar la barrera burocrática de lo que cuesta montar la instalación en sí. Esta falta de visión se traduce en sobrecostes desproporcionados, dilatación en los plazos y desilusión por la complejidad administrativa. La normativa municipal no debe ser más compleja de lo que es la tecnología.

Comenzar hoy y avanzar año a año

La promoción y puesta en marcha de todas estas nuevas políticas municipales no requieren complejos y farragosos estudios y planes energéticos. La normativa estatal es muy mejorable, aún así son viables muchas propuestas. Lo que realmente se requiere es voluntad política. Una voluntad que se traduce en comunicar, ilusionar y promover entre los vecinos una cultura energética sostenible.

Existe una red enorme de técnicos municipales con ideas y capacidad de acción. Compartir esas ideas y trabajar en red, puede ahorrar mucho tiempo y dinero. Pliegos de condiciones, programas de incentivos, bases reguladoras. La cooperación entre municipios es la forma más económica y la más eficaz para lograr resultados inmediatos en este mismo año que comienza. Hagamos que el año 2017 sea el año en que los municipios españoles lideren la transición a un modelo energético distribuido, sostenible y ciudadano.

 

Fuentes:

La imagen de cabecera procede de: Flickr [http://www.flickr.com/photos/pictfactory/5299676534/]. Licensing: Cc-by-2.0. Author: Guzmán Lozano. Taken: 27–December–2010.

Solarfobia, el triunfo del oligopolio sobre la razón

Artículo original publicado en la revista GALDE

La solarfobia puede definirse como el miedo a colocar placas fotovoltaicas en el tejado de una casa. Es una de las fobias a las renovables más comunes y, posiblemente, más extendidas en España. Las personas aquejadas de esta fobia creen que el autoconsumo es ilegal, que un peaje al sol hace inviable autogenerar energía, que hay malignos inspectores sancionando por doquier a los productores verdes, multas millonarias o peligros futuros. Las reacciones de los solarfóbicos pueden parecer irracionales a ojos de los ciudadanos de otros países como Portugal, Alemania, Francia, Reino Unido, Chile, donde las personas disfrutan del sentido común de generar energía en sus tejados.

En un estado donde el 35% de la población reside en más de 5 millones de viviendas unifamiliares o adosados, hubiera sido sencillo que al menos el 1% de los hogares, 50.000 viviendas, se hubiera lanzado ya a generar energía gratis con el sol. Que tu vivienda genere el 40% de su energía, o un 25% de ahorro en la factura, son argumentos muy atractivos per se. Sin publicidad y sólo con el boca a boca, el efecto contagioso de la energía solar hubiera provocado una explosión renovable. Pero a Junio de 2016 se encontraban registradas un total de 51 instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo en la sección 1 del Registro de Autoconsumo de Industria, la de los pequeños suministros de potencia inferior a 10kW, lo más común en hogares.

Desde un punto de vista racional, la casi nula implantación del autoconsumo en España no tiene más que ver con las barreras de la legislación vigente, que no son tan grandes como parecen, como con la parálisis colectiva provocada por el miedo. El temor es necesario para protegerse y sobrevivir, pero una mala interpretación de la realidad y una información errónea puede activar el mecanismo del miedo cuando no debería hacerlo. Son las denominadas fobias o los miedos irracionales.

En los últimos 6 años se ha desarrollado en España una de las campañas de comunicación y manipulación anticlimática más exitosas de todo el mundo. La solarfobia generalizada es la gran victoria de toda la gran industria de las energías sucias.

Todo comenzó en la primavera de 2010 en la forma de nuevos mitos. Las plantas fotovoltaicas generaban energía de noche, hasta que la Comisión Nacional de Energía (CNE) demostró meses después que eran errores de medida. Los productores renovables eran “cazaprimas”, aunque prefirieron financiar con su capital la transición renovable. El déficit de tarifa era culpa de las renovables y encarecía la factura, aunque en realidad bajaba el precio del mercado mayorista. Los medios de comunicación fueron el altavoz necesario y para lograr mayor difusión las informaciones tenían que ser sensacionalistas. Los creadores de mitos querían cambiar conciencias y lo consiguieron. Transformaron prestigio en desprestigio asociando valores negativos a las renovables, generando hostilidad y antipatía, cuando no sospecha y cautela.

Esta animadversión sirvió para justificar los cambios legislativos en contra de los productores renovables. Durante 4 años se sucedieron diversos decretos que perjudicaron a más de 60.000 productores, reduciendo sus ingresos. El objetivo entre otros era sanear el sector eléctrico sin tocar los cuantiosos beneficios de centrales nucleares, las hidroeléctricas, el carbón o los ciclos combinados. La Ley 23/2013 y el RD413/2014 culminaron el proceso de recortes garantizando una rentabilidad positiva y razonable a todas las instalaciones renovables. Pero caló en la opinión pública otro mito: que los productores se habían arruinado.

Fue así como la campaña anti-renovable del oligopolio evolucionó a un segundo nivel: la cultura del miedo. Con un consenso internacional sobre el cambio climático y sobre el papel de la eficiencia energética y las renovables para combatirlo, resultaba bastante complicado asociar a las renovables a una amenaza real. Pero conscientes de que el miedo se activa ante amenazas cercanas y no lejanas, aproximaron la amenaza a la vida de las personas. Se promovió insistentemente, que convertirse en productor renovable podía llevar a la ruina a la gente o afectar a su seguridad económica para siempre.

Así los perjudicados y los movimientos sociales cumplieron sin pretenderlo una función importante en la campaña de desprestigio. El castigo a las renovables tuvo una clara intención ideológica: “las renovables son inseguras, no te puedes fiar de ellas”. La visibilización de las víctimas es necesaria para grabar un mensaje mucho más profundo. Evidentemente había que movilizarse y actuar contra las políticas injustas, pero nadie podía imaginar que el oligopolio aprovecharía la fuerza de la protesta en su favor, ahondando en la fobia a las renovables.

Entretanto en noviembre del año 2011 se legaliza el autoconsumo en España con el RD1699/2011. Este real decreto permitía construir generadores eléctricos renovables de hasta 100kW, luego abría el camino al sol y al viento en todas las viviendas, industrias y servicios. Aquí el oligopolio volvió a dar una lección de manipulación. Primero se creó la ilusión de que no existía real decreto de autoconsumo, cuando lo único que faltaba era un nuevo real decreto que mejorara las condiciones del autoconsumo existente recompensando los excedentes con un balance neto o similar.

En segundo lugar, desde el Ministerio de Industria se comenzó a agitar cada pocos meses el rumor de que en breve se aprobaría un nuevo real decreto de autoconsumo. Se trataba de animar a las personas interesadas a esperar un poquito más para ponerse los paneles. Lo que ocurrió fue que nunca cumplieron su palabra y transcurrieron años de espera pese a que el autoconsumo ya era legal y viable desde el 2011. En ese tiempo, se publicaron 3 borradores de real decreto que de nuevo valiéndose tanto de los medios de comunicación lanzaron amenazas: peaje de respaldo, peaje al sol, penalizaciones, multas, etc. Fue una jugada maestra con la que lograron paralizar el autoconsumo, sin tener siquiera que aprobar un real decreto para ello. Bastó con la amenaza a lo desconocido.

Finalmente, en octubre de 2015, se aprueba un real decreto, el RD900/2015 que apenas implica modificaciones respecto al marco ya existente desde el año 2011. Se imponen algunas modificaciones técnicas y administrativas para antiguas instalaciones y multas para los que no las cumplan. Pero el objetivo de estas barreras no es tanto perseguir a los antiguos autoconsumidores, como volver a crear inseguridad a futuro para los que se lo quieran poner. El Ministerio de Industria no tiene medios para inspeccionar las antiguas instalaciones de autoconsumo y eso lo sabe la gente pues ningún autoconsumidor está aplicando las modificaciones que pide el real decreto. En todo caso lo que hay son autoconsumidores que están aprovechando para mejorar y ampliar sus instalaciones.

Por otro lado no existe ningún peaje para aquellas instalaciones que se montan en viviendas. El peaje a la energía autoconsumida existe para los consumidores de más de 10kW, que son normalmente industrias y servicios, y lo único que hace es aumentar el plazo de amortización en 2-3 años.

Hay un mantra que se repite a menudo: “después de lo que hicieron con las renovables, conviene estar alerta y vigilantes. Mejor esperar a una situación mejor”. Ni en sus mejores sueños, IBERDROLA hubiera imaginado un escenario tan ventajoso a sus intereses. Por supuesto, el real decreto de autoconsumo no es suficientemente bueno y habrá que derogarlo por completo para construir algo mucho mejor, pero de nuevo es un mito que el autoconsumo a día de hoy sea inviable.

Cuando el miedo sobrepasa una dosis soportable, se vuelve patológico y crea bloqueos. En esa situación nos encontramos en pleno año 2016. Una tecnología limpia y madura, mucho más barata que un coche, que convierte nuestros hogares en ecológicos y nos permite ahorrar dinero y emisiones de CO2, resulta que apenas se instala en uno de los países con mayor recurso solar de Europa.

Las pocas personas que no se dejaron llevar por la fobia, siguieron adelante con sus planes, generando energía renovable en sus propias casas desde hace años. Ni les han perseguido, ni están perdiendo dinero. Todo lo contrario, están ganando. No son héroes, ni valientes, ni personas extraordinarias, simplemente actúan racionalmente y dejándose llevar por el sentido común. ¿Podremos reírnos dentro de unos años de lo absurdo que fue tener esta fobia masiva durante tantos años? Es el momento de actuar.